Las farmacias y la disrupción que viene

Se trata de un ecosistema que varía mucho según los países, pero que en todos los casos está sujeto a un cierto número de elementos que hacen compleja una competencia genuina o abierta: la venta de productos farmacéuticos bajo receta. La necesidad de comprobar fehacientemente que el paciente que solicita un medicamento determinado lo hace porque ha obtenido la prescripción correspondiente de un médico, así como otros elementos relacionados con las condiciones bajo las que ese medicamento se adquiere (total o parcialmente subvencionado, por organismos públicos o privados, etc.) o con otras cuestiones hacen que hablemos de un tejido empresarial que puede variar enormemente desde las grandes cadenas de drugstores norteamericanas que venden de todo, hasta las farmacias tradicionales en muchos países europeos, propiedad de un farmacéutico titulado, con sus márgenes regulados, y que hasta hace algunos años, vendían casi exclusivamente productos farmacéuticos o relacionados.

En uno u otro caso, los recientes movimientos de Amazon en ese ámbito parecen estar previendo una próxima disrupción. En junio de 2018, el gigante del comercio electrónico adquirió PillPack por algo menos de mil millones de dólares y dio lugar a fuertes descensos en el valor de las acciones de compañías como CVS, Walgreens Boots o Rite Aid: PillPack, que estaba también negociando con Walmart y no era más que una startup poco conocida por el gran público, había obtenido licencia para vender medicamentos bajo prescripción médica en todos los estados norteamericanos, y además, era un servicio diseñado desde cero para ser digital, una situación en la que muy pocos de sus competidores podían siquiera plantearse estar.

Siendo justos, la distribución tradicional de medicamentos no corresponde al perfil clásico de industria propicia para la disrupción: no son especialmente anticuadas, tienen sistemas de logística generalmente muy buenos, completamente digitalizados y modernos, y salvo por las partes de su negocio que tienen que ver con la conexión con la administración, que no perjudican tanto al usuario como a la gestión de tesorería de las propias farmacias, han evolucionado sensiblemente a lo largo de los años. Pero como tales, mantienen en muchos casos rigideces que determinan, por ejemplo, el número de farmacias que puede haber en una ciudad o barrio determinado o sus horarios, y sobre todo, pertenecen a una categoría de productos que, en la gran mayoría de los casos, no nos hace especial ilusión salir ala calle a comprar. La gran mayoría de las visitas a la farmacia son para obtener algo que podría perfectamente, salvados los obstáculos administrativos, llegar a casa metido en un paquete.

Pero una cosa es que las farmacias disten mucho de estar en la prehistoria, y otra que puedan pensar en resultar competitivas frente a un sistema que, por ejemplo, empaqueta los medicamentos que una persona debe consumir cada día, con la fecha y hora correspondientes impresas en la bolsita, además de incorporar alertas o, eventualmente, incluso coordinación con los facultativos para especificar los tratamientos.

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